Carta de Alfonso Ussía a Amancio Ortega: Marzo 2020
Carta de
Alfonso Ussía a Amancio Ortega:
No lo conozco personalmente. Sí, por sus hechos, sus gestos y sus méritos. A nadie aborrecen más los
vagos del nuevo estalinismo, Iglesias, Echenique, la «chica de la igualdad» –así es como moteja
Carmen Calvo a Irene Montero-, que a este gran empresario que empezó repartiendo paquetes en una
camioneta y hoy es una de las mayores fortunas del mundo. Lo que más odia un comunista es a un
trabajador que triunfa, que trabaja, que arriesga y obtiene los beneficios de su esfuerzo. Ahora están
más indignados que nunca, porque voluntariamente y de su bolsillo, se ha propuesto, una vez más,
ayudar de forma desinteresada a sus compatriotas desamparados por la funesta gestión del Gobierno
social-comunista de la pandemia del Covid 19. Lleva donados a la Sanidad Pública y la Privada casi mil
millones de euros para dotarlas de los aparatos más avanzados para combatir el cáncer. En este caso, y
sólo como principio, ha destinado diez millones de euros para superar las lagunas –más bien océanos-,
del Gobierno de España en su aparente combate contra el virus que ya ha matado a 600 españoles. Ha
donado 300.000 mascarillas, fabricadas por su empresa, y nadie del Gobierno ineficaz y traidor se lo ha
agradecido. Y ha puesto en marcha en sus talleres, un sector exclusivamente dedicado a fabricar ropa
adecuada y aislante para los sanitarios y toda suerte de personas que se ven obligadas a permanecer
en los hospitales y residencias de ancianos en contacto con los contagiados y enfermos. Y cada vez que
anuncia una nueva generosidad social, el odio de los vagos de Podemos se incrementa. Los españoles
enclaustrados en sus casas, aplauden todos los días a quienes velan por su salud. Primero a los
sanitarios, pero sus palmas rompen también por los transportistas, que en condiciones heroicas,
abastecen los mercados. Por los quiosqueros que abren para que los ciudadanos estén informados
. Para los militares y Fuerzas de Seguridad del Estado, que desinfectan los establecimientos públicos y
controlan el cumplimiento de las normas de la cuarentena. Para todos aquellos que en momentos tan
extraordinariamente graves y trágicos, se ofrecen para mantenernos la esperanza. Pues bien, en ese
aplauso unánime y voluntario, que nada tiene que ver con caceroladas resentidas e impulsadas por
activistas comunistas inmersos en el Gobierno, tendría que estar en el pensamiento de los que muestran
su gratitud libremente, Amancio Ortega, el empresario generoso, el español que individualmente más y
con más eficacia contribuye a la salud y bienestar de sus compatriotas.
Los gallitos y las gallinas cacareantes de Podemos, cuando de Amancio Ortega se trata, cacarean
superando los tonos agudos del histerismo, desde los millonarios del chalé en Galapagar al científico
argentino que sin haber cotizado jamás, defraudó a la Seguridad Social que le había regalado la
carísima silla que le negó la Seguridad Social argentina. Y sus paniaguados de la información televisiva,
desde Évole a Wyoming, todos millonarios comunistas –y en el caso de Évole, amigo de terroristas y
separatista camuflado-, no han dado un paso para donar ni una migaja de sus dineros a los
necesitados. La empresa privada, ya ha iniciado sus movimientos para mitigar los males de todos, que
eso es la pandemia, un mal común. Pequeños empresarios inmobiliarios ya han ofrecido sus
apartamentos para reconvertirlos temporalmente en residencias para ancianos y contagiados. Y los
farmacéuticos – también héroes nacionales-, invierten dieciocho horas diarias en la atención de los
necesitados. Pero en Podemos y el sector más podemita del PSOE, denigran a Amancio Ortega y
ordenan a sus paniaguados, por orden de Iván Redondo, que minimicen su extraordinaria generosidad.
El Alcalde de Madrid y la Presidente de la Comunidad, José Luis Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso
, se engrandecen cada día con la seriedad de su trabajo, y eso no cae bien en el Gobierno de España.
Isabel Díaz Ayuso ha exigido al Gobierno que le haga llegar el material previamente prometido. En
pocas semanas, ese material será innecesario, porque habrá cubierto la demanda Amancio Ortega, y es
probable – no le deseo mal a nadie-, que gracias a él sean tratados con más eficacia y profilaxis
algunos de los voceros del Gobierno o del estalinismo bolivariano.
De tener responsabilidades políticas algún día –tan probable en mi persona como someterme a una
operación de transexualidad-, sometería a votación la creación de un monumento a Amancio Ortega
frente al ministerio de Sanidad. Con una leyenda: «Al Trabajo y la Generosidad con sus compatriotas».
Como español, todavía no afectado por el contagio, pero entregado a lo que venga, considero un deber
de justicia agradecer a quien desde una camioneta de reparto se ha convertido en uno de los diez
empresarios más grandes del mundo –trabajando, podemitas, trabajando-, y en el más generoso con
sus compatriotas.
Gracias, don Amancio.
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