LA PAZ DEL PAPA Alfonso Ussía La Razón (02/04/2019)
LA PAZ DEL PAPA
Alfonso Ussía
La Razón (02/04/2019)
«En España la paz, lo que se dice la paz, está establecida desde hace 80 años»
«Visitaré España cuando haya paz». Gracias por su generosidad. Gracias por su respeto a los esfuerzos
En España la paz, lo que se dice la paz, está establecida desde hace 80 años. Cuarenta años de paz en
Su Santidad reparte mal las sonrisas. Recibe, abraza y sonríe a Fidel y Raúl Castro, dos desalmados
España es una nación que visitan cada año 90 millones de turistas. A pesar de nuestros políticos y
Con devoción y respeto.
Alfonso Ussía
La Razón (02/04/2019)
«A Su Santidad le ocurre lo mismo que a Iceta, pero no lo reconoce. Que no sabe contenerse en la
verborrea»
«En España la paz, lo que se dice la paz, está establecida desde hace 80 años»
Si el último parte de guerra, redactado y firmado hace 80 años, hubiera sido como el que sigue, Su
Santidad el Papa ya nos habría visitado: «En el día de hoy, cautivas y desarmadas las tropas nacionales
, el Ejército Rojo ha alcanzado sus últimos objetivos militares. La Guerra ha terminado. Manuel Azaña. 1
de abril de 1939».
«Visitaré España cuando haya paz». Gracias por su generosidad. Gracias por su respeto a los esfuerzos
de un tiempo inolvidable durante el cual las derechas y las izquierdas olvidaron que habían combatido
en una guerra civil dolorosísima. A Su Santidad le ocurre lo mismo que a Iceta, pero no lo reconoce. Que
no sabe contenerse en la verborrea. En España, decenas de miles de religiosos, desde obispos a
monjas de la caridad, fueron torturados y asesinados por el Frente Popular. Gracias por olvidarlo,
aunque su olvido sea parcial y selectivo.
En España la paz, lo que se dice la paz, está establecida desde hace 80 años. Cuarenta años de paz en
la dictadura y cuarenta años de paz en la España constitucional, monárquica y democrática. España es
un ejemplar Estado de Derecho. Es razonable que Su Santidad no nos tenga excesiva simpatía. España,
en su Historia y en la actualidad, ha sido infinitamente más importante para la Iglesia que Su Santidad.
No necesitamos su visita, tantas veces repetida por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Sus huellas aquí
permanecen y son imborrables.
Su Santidad reparte mal las sonrisas. Recibe, abraza y sonríe a Fidel y Raúl Castro, dos desalmados
tiranos asesinos. Recibe, abraza y sonríe a Nicolás Maduro, el genocida venezolano. Recibe, abraza y
sonríe a la ladrona –acusada en su país de impulsar el asesinato de un fiscal–, Cristina Fernández de
Kirchner, la multimillonaria viuda peronista del Pingüino, matrimonio tan ladrón como populista. En
cambio, recibe, no abraza y no sonríe al presidente Macri, y recibe, no abraza y le llega su mentón a los
zapatos, cuando le visita el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y aquí en España,
concede una entrevista al más sesgado y anticristiano de los comunicadores, el mismo que abraza y
admira a los terroristas de la ETA. Mucho me temo, Santo Padre, que sea cierto lo que Su Santidad ha
reconocido, como ya hizo previamente el ponderado, culto, místico, músico y teólogo Benedicto XVI
. Que el Diablo está también en el Vaticano. Pero una cosa es que esté, y otra muy diferente que le
encomienden un trabajo y un cargo. No tenga duda, Santidad, de que uno de sus más allegados
asesores lleva el rabo enrollado y camuflado en la parte trasera de su sotana, y sólo lo suelta y libera
para su alivio cuando se encierra cada noche en sus aposentos. Busque a su consejero con rabo, y
agradecerá esta humilde recomendación.
Es cierto, Santo Padre, que de cuando en cuando Vuestra Santidad se equivoca, y acierta. Su labor en
pos de castigar los abusos sexuales de los malos obispos y sacerdotes, es encomiable. Encomiable y
valiente. Pero en otras reacciones no se libera de la demagogia. Dice que ha llorado de dolor cuando ha
visto las alambradas que separan Marruecos de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Es lo único
que se le ha ocurrido de España durante su viaje a una nación en paz que mantiene desde treinta años
atrás una guerra permanente con los bereberes del Sáhara. Europa manda en esas fronteras. Si la
Santa Sede estuviera ubicada en un enclave conflictivo, tristemente conflictivo y humanamente trágico,
también la Santa Sede guardaría su territorio con alambradas. ¿Acogería el Vaticano a doscientos mil
inmigrantes en su territorio, y les daría alimentación, nacionalidad y techo en la Ciudad Vaticana? Claro
que resulta doloroso, pero España no es la culpable de esa situación.
España es una nación que visitan cada año 90 millones de turistas. A pesar de nuestros políticos y
golpistas, el Estado de Derecho funciona, y vivimos en paz. Si no desea venir, es muy libre Su Santidad
de rechazarnos. España, según el Papa Juan Pablo II «es la maravillosa tierra de María». Y de la
mística, Santidad. Y de la soberanía de la Cruz en América. Pero no pretendo convencerlo. No venga,
pero hágalo sin buscar falsas excusas. Y no se olvide de buscar a su consejero con rabo. Cuando lo
encuentre, todo mejorará.
Con devoción y respeto.
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